Por: Martha Checo
A 170 años de su natalicio
Emilio Prud’Homme, nacido en Puerto Plata el 20 de agosto de 1856, fue un hombre de pensamiento, educación, leyes y letras, pero, sobre todo, un ferviente patriota.
La abogada, escritora, poeta e investigadora histórica Ylonka Nacidit-Perdomo lo definió como “el hombre total”, una expresión que resume la dimensión de quien hizo de la palabra un instrumento para servir a la República y de la educación, una forma de construir ciudadanía.
Su nombre quedó unido para siempre al de José Reyes, compositor de la música del Himno Nacional Dominicano. Prud’Homme es el autor de sus letras y puso en ellas el sentimiento de una nación que luchaba por afirmar su identidad y defender su libertad.
Desde aquella primera interpretación pública, el 17 de agosto de 1883, sus palabras fueron adquiriendo una dimensión que trascendió la poesía para convertirse en parte esencial de la memoria y la conciencia nacional.
A 170 años de su natalicio, su voz permanece porque logró algo reservado a los grandes: convertir sus palabras en patrimonio de todo un pueblo.
Y mientras resuenen aquellos versos, con su profundo mandato moral:
“Quisqueyanos valientes,
alcemos nuestro canto
con viva emoción…”
seguirá vivo el espíritu de aquel “hombre total” que puso su talento al servicio de la patria.
En este retrato, Prud’Homme mira hacia un punto que no podemos ver.
Y me pregunto: ¿qué estaría mirando?
Tal vez, el porvenir.
Tal vez, aquella República todavía joven, frágil y tantas veces herida, a la que entregó sus palabras.
Quizás nunca imaginó que, casi un siglo después de su muerte, millones de dominicanos seguirían poniéndose de pie al escuchar sus versos; que niños y adultos llevarían sus palabras en la memoria; que, en escuelas, parques, oficinas, ceremonias y hogares, generación tras generación, su voz seguiría recordándonos que Quisqueya nació para ser libre.
Honor a su memoria.
Honor a su obra.
¡Viva la República Dominicana!


