📷 Umar Idris - Agencia Anadolu
A seis años de la declaración de la pandemia de COVID-19: el día en que el mundo se detuvo
SANTO DOMINGO, RD, 11 de marzo de 2026.- Este miércoles se cumplen seis años desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente al COVID-19 como pandemia, un hecho histórico que cambió de forma radical la vida cotidiana en todo el planeta y marcó el inicio de una de las mayores crisis sanitarias del último siglo.
El 11 de marzo de 2020, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunció que el brote del nuevo coronavirus había alcanzado niveles de propagación global que permitían caracterizarlo como pandemia. En ese momento se registraban más de 118,000 casos confirmados en 114 países y más de 4,000 fallecimientos. Aquellas cifras, sin embargo, serían apenas el comienzo de una emergencia sanitaria que en los años siguientes superaría los siete millones de muertes confirmadas en todo el mundo, según datos oficiales recopilados por organismos internacionales de salud.
El virus, denominado científicamente SARS-CoV-2, había sido identificado por primera vez a finales de diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan, China, cuando autoridades sanitarias detectaron un grupo de neumonías de origen desconocido. El 31 de diciembre de 2019, China notificó oficialmente a la OMS sobre estos casos, y el 7 de enero de 2020 científicos chinos lograron identificar el nuevo coronavirus responsable del brote.
Semanas después, el 30 de enero de 2020, la OMS declaró el brote como Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, el nivel de alerta más alto previsto en el reglamento sanitario global, anticipando el impacto que tendría la enfermedad a escala mundial.
Tras la declaración de pandemia en marzo de 2020, gobiernos de todo el mundo comenzaron a implementar medidas sin precedentes en tiempos recientes: cierres de fronteras, suspensión de eventos masivos, restricciones de movilidad y confinamientos domiciliarios para frenar la propagación del virus.
En cuestión de días, las imágenes de ciudades vacías comenzaron a multiplicarse. Calles sin tráfico, aeropuertos paralizados y monumentos turísticos sin visitantes se convirtieron en símbolos de una crisis que paralizó la actividad global.
Entre las escenas más recordadas se encuentran Times Square en Nueva York prácticamente desierta, la Plaza de San Pedro en el Vaticano vacía durante las celebraciones de Semana Santa encabezadas por el papa Francisco, el Coliseo de Roma sin turistas y monumentos emblemáticos como la Torre Eiffel en París rodeada de un inusual silencio. En América Latina, avenidas icónicas como la 9 de Julio y el Obelisco en Buenos Aires también lucieron prácticamente desiertas durante los primeros meses de confinamiento.
Durante 2020, más de la mitad de la población mundial llegó a estar bajo algún tipo de confinamiento, mientras las autoridades sanitarias pedían a las personas permanecer en casa y limitar al máximo el contacto social.
La pandemia también transformó profundamente la vida social y económica. Millones de personas comenzaron a trabajar desde casa, los sistemas educativos migraron a clases virtuales, y sectores completos de la economía —especialmente el turismo y la aviación— sufrieron paralizaciones históricas.
Al mismo tiempo, la crisis impulsó avances científicos sin precedentes. En diciembre de 2020 comenzaron las primeras campañas de vacunación masiva contra el COVID-19 con vacunas desarrolladas en tiempo récord, lo que permitió reducir la mortalidad y controlar progresivamente la emergencia sanitaria en los años siguientes.
Seis años después de aquella declaración histórica, las imágenes de las grandes ciudades vacías siguen siendo uno de los símbolos más potentes de la pandemia: un momento en el que el mundo prácticamente se detuvo y millones de personas tuvieron que adaptarse a nuevas formas de vivir, trabajar y relacionarse.
Hoy, el aniversario de la declaración de pandemia no solo recuerda la magnitud de la crisis, sino también las lecciones aprendidas sobre la importancia de la cooperación científica, la preparación sanitaria y la capacidad de las sociedades para enfrentar emergencias globales.



